El Tercer Domingo de Junio

EL TERCER DOMINGO DE JUNIO

En el colegio, el Día de la Madre era un evento importante en el cual todos los niños querían participar. Componíamos poemas halagando las virtudes de nuestras madres en los cuales agradecíamos todo el cariño y el amor que nos daban. Ansiábamos llegar a casa para presentárselo y, como en el caso de mi madre, que se echasen a llorar de alegría. Mayo entraba con promesas de flores y era sinónimo del amparo que daba mi madre.

En cambio, el Día reservado para el pariente masculino no me hacía tanta ilusión. Cuando era niño, siempre me causaba ansiedad el tercer domingo de junio porque sabía que tendría que pensar en un regalo igual de emotivo que el que había preparado para mi madre. El problema era que no lograba sentir el mismo ímpetu de creatividad que había sentido con preparando el de mi madre. No entendía el porqué, sólo sabía que el Día me inspiraba emociones opuestas. Siempre acababa haciendo algo – una carta genérica con macarrones secos formando su nombre, por ejemplo – que mi padre recibía felizmente, pero sin la misma emoción que demostraba mi madre. Ella no puede guardar sus sentimientos – su rostro le delata siempre. Él es de pocas palabras y no varía su expresión, salvo cuando se enfada.

Dado que hoy es el Día del Padre en EE.UU., no me sorprende que lo primero en lo que he pensado al despertar haya sido mi padre. Mi padre, con su piel cetrina y cabello rizado que cada año parece perder un poco más de su color carbón. Mi padre, que ronca como un volcán y madruga igual que cuando yo era niño y le acompañaba al taller. Mi padre, el que ahora camina con un dios ciego y antes nos hacía frijoles con huevo cuando mi madre tenía que trabajar de noche. Mi padre, el hombre con quien comparto nombre – y a veces parece que poco más.

Para algunos, el Día del Padre es una ocasión para premiar las virtudes del patriarca de la familia. Me he acostumbrado a ver fotos de familias enteras sosteniendo sonrisas alrededor del padre en un restaurante o sala o donde sea. Para otros, este Día les recuerda al padre que nunca conocieron; hay razones a veces desaforadas que les han contado o se han tenido que imaginar. Otros pasan un día triste recordando a su padre que se fue demasiado pronto. Mi padre está con nosotros pero sin abrirse falta su presencia completa en la familia. Hay cosas que no puedo contarle. El hombre que tanto nos hizo sufrir es el mismo que nos compraba un perro aún cuando mi madre decía que no. ¿Qué se hace con nosotros que vivimos entre dos mundos respecto a nuestros padres?

Siempre se ha de agradecer y apreciar lo que la vida nos ha otorgado, y aunque es cierto que hoy es otra fiesta comercial, creo que es difícil no contemplar al padre en este día señalado. He pasado la mañana pensando mucho en mi padre y en qué significa exactamente este día para mí. Siempre ha sido un día conflictivo en mi corazón, pero ¿por qué?

Supongo que me siento así porque hoy pienso en la relación tensa que tengo con mi padre desde años atrás. Concretamente, hace trece años – desde que le conté una noche de mayo que era gay. Me cogió del cuello y me echó contra la pared del pasillo, mirándome con unos ojos que hervían en odio. No eres mi hijo, me dijo, por que yo no tengo hijos maricones. Me echó en cara todos los sacrificios que habían hecho para que tuviese todo lo que él no pudo tener y, casi gruñendo, me dijo que acabaría o muerto de sida o por un crimen violento, pero algo le quedaba seguro: que nunca llegaría a ser nada en esta vida. Jamás se me olvidarán los dedos de mi propio padre apretándome la garganta, ni la mirada con la cual me desterraba de mi casa y de su corazón.

Cuento esto no porque fuese el comienzo de nuestra mala relación, si no porque fue este momento el que me impulsó a dar un gran salto de madurez. Tenía diecinueve años en ese entonces, estaba recién emparejado con mi primer novio y me embriagaban grandes ilusiones para la vida. No sabía aún que mi padre podría reaccionar así contra mí, su primogénito, que carga con su nombre. Nunca se me habría pasado por la cabeza que algo así de violento pudiese pasar. Aunque entonces mi padre ya nos había hecho sufrir mucho como familia – fue infiel varias veces, lo que perjudicó la salud mental y física de mi madre – nunca había actuado de manera violenta. Esa noche de luna plateada lloré en mi habitación sabiendo que algo había cambiado, que nada sería igual desde ese momento.

Pensé que después de eso sería fácil odiarle: ¿quién podría querer un padre así en su vida? Pero ni un año después, ingresé en el hospital por apendicitis. Los médicos no se enteraron a tiempo de que mi apéndice había sufrido una ruptura y estuve ingresado diez días. Durante esa semana y media mi madre estuvo a mi lado sin cesar, igual que lo estuvo mi padre. Recuerdo bastante bien ese momento – cómo me quemaban las inyecciones de potasio, por ejemplo, y aún me acuerdo del chicle con olor a menta de la enfermera – y también me acuerdo de cómo al despertar veía a mi padre durmiendo en el pequeñísimo sillón de la habitación. No me quería dejar solo, mi madre me contó después, e insistió en quedarse él. Me abrazó al despertar y quedé sorprendido de aquella demostración de cariño.

No es de extrañar que me nazcan emociones conflictivas. Todos los malos tiempos que hemos pasado tienen sus épocas buenas para compensarlos. Soy muy consciente de que mi padre no es un hombre perfecto, ni mucho menos, pero tampoco lo soy yo. Hemos cometido transgresiones y hemos pecado a nuestra manera secreta y separada. Pero algo sigue sin cambiar: aunque nos enfademos el uno con el otro, aunque no logremos entender el punto de vista del otro, aunque a veces es más fácil no intentar que dejar el orgullo a un lado, seguimos siendo padre e hijo. Me gustaría acordarme de ese simple hecho en este tercer domingo del mes de junio: vivir con amor imperfecto vale más que ser carcomido por los tristes ayeres de la adolescencia.

El viento tuerce las ramas del árbol en Cap de Creus (Cadaqués).

El viento tuerce las ramas del árbol en Cap de Creus (Cadaqués).

 

One thought on “El Tercer Domingo de Junio

  1. It sounds like my story in many aspects… and the mood every line provokes is sooooo familiar to me. Impossible to stay indifferent.

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